En La Sala, proyecto artístico en pedazos, incluye varias partes, todos iniciativas y exploraciones en movimiento que se presentan según se completan y que eventualmente serán mostradas juntas como un todo. En La Sala apuesta a la honestidad detrás de un gesto y al intercambio de sensaciones y experiencias que eso posibilita.

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La palabra y el “¡crack!”

Hay ciertas cosas en la vida que uno se imagina como apoteósicas, con un nivel de drama que rechina en los oidos tal cual soundtrack de película mediocre tratando de compensar por lo que la cámara no pudo captar. Hay frases que uno no espera oir y que si las oye, vendrían acompañadas de un algo más: ún “feeling” inmenso, un silencio absoluto, una perdida de humedad en el aire, un cambio de aura… como mínimo un “¡crack!” del mundo resquebrajándose por la costura.

“Tienes cáncer” es una de esa frases.

“Tienes cáncer” y el mundo debe temblar, las sillas sacudirse, el alma volar al pecho. Algo. Quizás la ausencia de ese “algo” se encuentra en que siendo justos “tienes cáncer” no es lo que ha dicho la señora cirujana. Qué mal me va, apenas me acaba de decir y ya estoy sacando citas de contexto, me apodero de sus palabras y las viro a mi antojo buscando el drama narrativo dentro de la dureza de lo factual. Así pues las cosas: ella corta cuerpos para ganarse la vida; yo corto palabras. Y las pongo también. Las destruyo y reconstruyo, también.

No, “Tienes cáncer” no fue lo que dijo sino un muy llano: “Los resultados salieron positivos”.

Quiere decir cáncer, lo pienso y no lo digo, mas lo tengo que oir, si esto es real se tiene que decir. Así que insisto: “¿qué es positivo? ¿positivo a qué?”
“A enfermedad, que hay enfermedad en las células”.

Qué frase tan bien construida: “hay enfermedad en las células”.  La enfermedad está en las celulas. Ajá, y ¿dónde están las células? En mi seno izquierdo, bien, gracias. En mi seno como probablemente estará en una de cada 8 mujeres que a lo largo de su vida, quienes recibirán un diagnóstico de cáncer de mama invasivo. Excepto que en las estadísticas el promedio es de 59 años a la hora del diagnóstico, no de 25 (yo, tan “overachiever” siempre). Excepto, y ahí está el detalle, que en la estadísticas el seno es de ellas y no el mío. Senos de ellas. Senos anonímos. Más de 300,000 senos al año con cáncer. Perdón, difamo, altero palabras, de nuevo. Sobre 300,000 aglomeraciones de células con enfermedad que se encuentran en senos. Senos que–usualmente–van pegados a mujeres. Y aún así, o quizás por ello, necesito oirla, la palabra, y tenerlo, el momento, el “¡crack!”.

Me obstino y rebusco: “¿Y qué significa eso?”
“Que se están reproduciendo anormalmente”

Pero que obstinación, señores: “¿y qué significa eso?”
“Pues que hay enfermedad y necesita tratamiento”

No hay tregua. Nadie dijo que la vida era justa y hoy ni las palabras se dan fácil. No lo dice. Me toca a mí. Articular las necesidades es tarea personal, siempre.

“¿Tengo cáncer?”
“Sí. Tienes cáncer.”

Y de repente ahí estaba, el momento apocalíptico. La palabra y el “¡crack!”. La articulación de un momento drámatico y de cambio manifestada de forma tan perfecta, final y contundente. La palabra acompañada de la incertidumbre, la catástrofe… el material de artista traumado perfecto. Y nada.

Ni un triste dolor de pecho.

PUÑETA. CARAJOCARAJOCARAJOCARAJO. CABRÓN.

No. Nada. Las fuerzo, las busco a la cañona y las palabras no aparecen, no realmente.

Lo adjudico a que nunca he sido malahablada. De seguro es falta de práctica. La lengua se siente incómoda. Las palabras salen impostoras.

Y poco a poco llega algo. No es lo que esperaba. No sabe a nada, no articula. Es puro cansancio y una vejez que pesa. Yo, aquí y ahora, cansada de oirle y verle mirarme con cara triste, a la señora cirujana. Yo deseando más que nada que mi madre  se acabe de recomponer y salga de la desesperanza y la negación, no porque la amo, aparantemente no soy tan “nice”, sino porque me cansa. Y no quiero hablar palabras, ni oir palabras, ni mucho menos pensarlas. Yo con mis isquiones sobre el plástico barato de la silla y la espalda que se me escurre buscando soporte donde no lo hay. Yo y una silla que no da a basto. Yo y la silla. Yo y el cáncer, con tanta historia en potencia y tan poco que decir.

—-

Escrito y re-escrito mil veces durante el primer mes tras el diagnóstico.

Foto: Quique Rivera Rivera

Fuentes:

1 Según la Sociedad Americana del Cancer 1 de cada 8 mujeres tendrá cáncer de seno invasivo en algún momento de su vida.

2 En Puerto Rico el promedio de edad a la hora de un diagnóstico de cáncer de seno en una puertorriqueña es de 59 años, según las estadísticas más recientes (2003) del Departamento de Salud que están disponibles al público.

3 Para el 2012 la Sociedad Americana del Cáncer estima que habrán 226,870 casos nuevos de cáncer de seno invasivo y 63,000 casos nuevos de cancer de seno in situ.


Arriba: Andrea Martínez.
Foto por: Quique Rivera Rivera.
Parte de En La Sala, proyecto artístico en pedazos.

Arriba: Andrea Martínez.

Foto por: Quique Rivera Rivera.

Parte de En La Sala, proyecto artístico en pedazos.


Arriba: Diana Soto y Andrea Martínez.
Foto por: José Quique Rivera.
Parte de En La Sala, proyecto artístico en pedazos.

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Foto por: José Quique Rivera.

Parte de En La Sala, proyecto artístico en pedazos.

En La Sala fue reseñado como parte de Junte de artistas en El Varieté, un artículo publicado en la revista 80grados sobre El Varieté, actividad del Circo Nacional de Puerto Rico donde se presentó el Primer Pedazo.

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Flyer de El Varieté, actividad del Circo Nacional de Puerto Rico donde se presentó el Primer Pedazo de En la Sala. La actividad fue llevada a cabo en el taller-teatro Y No Había Luz.

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En La Sala fue reseñado como parte de Cine, teatro y danza este fin de semana en Santurce, un artículo publicado en Primera Hora sobre El Varieté, actividad del Circo Nacional de Puerto Rico donde se presentó el Primer Pedazo.

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